Ojalá mis hijos lo lean

Cómo olvidar el día cuando nacieron y transformaron mi vida llena de felicidad, dándole gracias a Dios por el pedacito de cielo que me regaló en esta tierra, a través de ustedes, cuántas veces de niños los envolví en abrazos y sentí la ligereza de esos cuerpecillos doblarse entre mis caricias.

Cómo han crecido. Mientras siento un descanso en mi vida, ustedes empiezan a vivir; hijos, estoy envejeciendo, y solo los buenos consejos que encontré y me han enseñado a vivir podría dejarles, nunca duden de pedir ayuda en el momento oportuno en un mundo que ustedes desconocen; donde: el tiempo, los fracasos, los aciertos y la experiencia enseñan.  “Recuerden que no todo lo que brilla es oro”.

Por favor, miren la vida de una manera distinta, son todos unos jóvenes llenos de sueños y aspiraciones, tienen todo por ganar y conquistar, no hagan daño a nadie, respeten a la gente que está a su alrededor y guarden el bien en su corazón y siempre honren a su madre, miren siempre adelante, nunca se dejen vencer de los obstáculos en esta vida terrenal; todo es posible si quieren llegar a sus sueños.

Solo le pido a Dios que les dé mucha vida, salud, sabiduría, y; entiendan que los padres no somos perfectos, que atrás de mis errores y aciertos, momentos buenos y malos siempre ha existido un inmenso amor para ustedes, pero, sobre todo, ojalá se den cuenta que, pese a todos mis errores, los amo más que a mi vida: siempre los inspiraré que hagan las cosas bien de diferentes formas con la idea que tengan una vida mejor y más feliz que la mía.

Ángel Eduardo Cueva Soto