Ecuador ha dado la vuelta al mundo por la explosión de violencia suscitada en las cárceles de Guayaquil; y también por los flagelos que tiene postrado al país, como el crimen, el narcotráfico, la corrupción, la crisis económica, la guerra política de los politiqueros. Y ahora los papeles de Pandora. Sólo falta volver a caotizar al país con protestas pirotécnicas, para “desestabilizar la convivencia e inocular veneno”, para completar el cuadro de calamidades que están ahogando al Estado.
Por cierto, varios personajes internacionales han reaccionado ante la matanza del 28 de septiembre, entre ellos el papa Francisco, quien lamenta la “terrible explosión de violencia” y extendió su pesar por los hechos. Entristecido está pidiendo a Dios ayude a curar las llagas del crimen que esclaviza a los más pobres.
Sin embargo, el problema no solo es el de las cárceles, son varias las circunstancias adversas que enfrenta el Estado. Todo lo cual nos exige a los ecuatorianos reflexionar sobre las consecuencias si no entendemos la gravedad de la situación. Y siendo parte de la angustia cotidiana, hay que poner nuestro tiempo al servicio de tener tiempo para apoyar las acciones y decisiones que nos permita vivir en democracia, antes que la guerra política y el narcotráfico tengan más poder que el Estado.
Corresponde al presidente Guillermo Lasso, demostrar que el gobierno maneja el poder y en democracia debe hacerlo mejor, recurriendo a la Constitución y más leyes, con firmeza. Que las oraciones del papa Francisco no sólo sean para curar las llagas del crimen, sino también para ahuyentar los malos pensamientos desestabilizadores; y para evitar que los ecuatorianos no perdamos la fe y la esperanza, que sería lo último que nos pueda suceder.
Adolfo Coronel Illescas