—¿Yaura qué? — volvió a repetir mi compadre con voz más fuerte como para despertar mi silencio.
Tampoco sabía la respuesta o tal vez no quería repetir lo que siempre ha sucedido desde que el mundo ha sido mundo en este pequeño terruño llamado Ecuador.
Fuimos derechosos, zurdistas, floristas, militaristas y todo lo que se suene bien con istas. Hemos bailado bolero, tango, sanjuanito, pasillos con todos los proponentes, aunque después del gusto vino el susto.
Los que nacieron con derecho al trono, con mentiras y artimañas se llevaron hasta nuestras ansias por sobrevivir. Algunos regresaron y en el siglo XXI, la decadencia maldecida quiere regresar para llevarse los pocos sueños que aún nos quedan.
Pero ellos nomás no tienen la culpa, esta es compartida con nuestra ingenuidad cívica, patriótica que bendice al pecado y sataniza a lo ético, a lo moral.
Hoy más que nunca el márquetin político desinforma para manipularnos fácilmente y esta seudodemocracia garantista nos tiene de rodillas.
La narcopolítica amedrenta y nosotros como carne de cañón, asustados.
Ahora, dicen, que el pueblo puede armarse. Nos preguntamos, ¿Para qué? Si el sector armado (ejército, policía) no pueden utilizar su armamento de dotación porque en un intrincado sistema tiene que demostrar que el pillo disparó primero y el uniformado se defendió. Nosotros, la mayoría, por falta de entrenamiento y familiarización de seguro nos vamos a “Chirola”.
¡Despertemos! Es hora de reclamar.
Jaime Vinicio Meneses Aguirre