Datos contra relatos: por qué Latinoamérica vive estancada

El capitalismo ha sido el motor de transformación más potente en la historia humana, logrando lo que ningún otro modelo económico y social ha podido: reducir la pobreza extrema global del 90% (1820) a menos del 9% en la actualidad. Bajo este sistema, la esperanza de vida mundial pasó de 31 años en promedio a más de 72, mientras el PIB per cápita global se multiplicó por 15 en los últimos dos siglos. Estas cifras no son simplemente estadísticas; son el reflejo de un modelo eficiente de libertad que ha financiado la innovación tecnológica y las ciencias en general, permitiendo que la alfabetización a nivel global pase del 12% a más del 86%.

Pese a los datos, en la región persiste el fenómeno de las ideologías de la barbarie, donde la data no importa. El socialismo del siglo XXI ha provocado en Venezuela una inflación acumulada que superó el 2,000,000% y una caída del PIB superior al 75% durante su aplicación, generando un éxodo de más de 7 millones de personas. Este retroceso se explica, primero, por la ineficiencia de sus instituciones; cuando la corrupción estatal detiene el crecimiento, el ciudadano pierde la confianza en el mercado. Es aquí donde cobra fuerza el relato vs. la realidad: el régimen cubano, tras 65 años de planificación central, hoy enfrenta su peor crisis energética y alimentaria, con una devaluación de más del 90%, mientras su propaganda sigue culpando a factores externos de la pésima administración interna.

Esta desconexión se afianza en la deficiencia de los sistemas educativos, que en Latinoamérica muestran que el 50% de los jóvenes de 15 años no tienen comprensión lectora, dejándolos vulnerables al mesianismo político. Ese caudillismo, que promete repartir una riqueza que no produce, ignora que los países con mayor libertad económica son ocho veces más ricos que los reprimidos.

El progreso demanda datos y libertad, no dogmas. Mientras la región prefiera la ilusión del líder providencial sobre la solidez de las cifras, seguiremos condenados a la pobreza por elección, ignorando que la prosperidad real solo nace donde se respeta la propiedad y el esfuerzo individual.

Pablo Ortiz Muñoz

acupablo1@hotmail.com

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