Este artículo lo escribo hoy domingo 5 de febrero, antes de empezar los escrutinios y sin ninguna información sobre los posibles resultados. Lo guardaré para publicarlo el siguiente viernes 10 de febrero. Porque quiero hacerlo sin que mi inconsciente derive a favor o en contra de quienes salgan electos, sino que sea una posición concordante con mis principios morales y de apreciación en cuanto a las elecciones del momento.
Y lo primero que me viene a mi mente es el hecho de que no puede ser honesto de mi parte que, al siguiente día de tener los resultados y, viendo que no han salido mis favoritos, me dedique a hablar mal de los elegidos; a pensar que van a entrar en la corrupción sin haber todavía un elemento que corrobore mis prejuicios; a realizar agüeros de las catástrofes cósmicas que nos van a venir; a sembrar cizaña para ver si tumbamos al nuevo gobierno lo más pronto posible.
Creo firmemente que debo respetar como el que más los resultados, sin tomarme la atribución de juzgar las decisiones de los votantes tachándolos de ignorantes políticos. Debo felicitar de manera honesta a los triunfadores, sin que eso pretenda ser un adulo o un acto para sacar provecho; y disponer mi ánimo para colaborar en todo aquello que considere que viene bien para la comunidad.
Por otra parte, no adoptaré una resignación de lo sucedido, ganen o pierdan mis candidatos. Prefiero tener otra disposición de ánimo: quiero aceptación y no resignación. Lo cual significa que respeto los resultados, con plena libertad; pero espero que la gestión sea eficaz y estaré listo para pedir rectificaciones de lo mal actuado, así como propondré alternativas si el caso lo requiere. Que no me sienta ganador ni perdedor sino un ciudadano comprometido con el desarrollo de su cantón y país.
Carlos Enrique Correa Jaramillo
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