
El siglo XX fue uno de los períodos de la Historia más críticos y convulsivos que enfrento la humanidad, paradojas y contrastes fueron el escenario diario; aunque al inicio del mismo se presentaron sucesos optimistas, también fue testigo de grandes desastres que llevaron al mundo al borde del colapso, todos estos acontecimientos concluyeron en grandes trasformaciones sociales, adelantos científicos y formas de observar el contexto global, moldeando drásticamente a la humanidad y su proyección al futuro (Urdaneta, 2005).
La humanidad es cambiante y con ella la dinámica de la civilización, cada acción genera una reacción, y cada cambio trae consigo efectos positivos o negativos sobre la sociedad, desde el desarrollo de la medicina, la intensificación de la producción, los nuevos procesos de industrialización, el derecho a la vida, a la propiedad, a la libertad, al cuidado de la naturaleza y de las especies que en ella conviven; a la diversidad y a la igualdad entre seres humanos.
Todos estos cambios han necesitado de luchas, esfuerzo y trabajo constante, generando conciencia colectiva en las distintas generaciones, unas favorables y otras negativas para el desarrollo social. Reclamar derechos, conlleva obligaciones, que no solo se identifiquen con pretensiones particulares, sino que obedezcan también al conglomerado general; no se puede exigir, un derecho, si violentamos el de otro; o pretender el mismo, con obscenidades o desnudándose frente al resto; destruyendo monumentos, rayándolos, pintándolos o deteriorando los mismos; no se puede borrar una parte de la historia, por conveniencia; cada etapa nos hecho madurar y llegar a ser lo que ahora somos como sociedad.
Pretender con rabietas, escándalos o gritos imponer ideas, es clásico de las mentes torpes, manipulables y obedientes a las pretensiones de los que ostentan el poder, la manipulación es el cáncer de la nueva sociedad, que no lee, no se instruye y culpa a todos de sus incapacidades y frustraciones.
Pablo Ortiz Muñoz
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