En Ecuador, el Viernes Santo invita a la reflexión sobre nuestras acciones y decisiones como sociedad. No obstante, el panorama político actual parece alejarse de ese espíritu. El adelanto de las elecciones seccionales ha obligado a muchos candidatos a reaccionar rápidamente para mantenerse en la contienda.
En medio de esta prisa, varios aspirantes a alcaldías y prefecturas, que antes no contaban con una estructura política definida, ahora buscan alianzas de forma acelerada. El inconveniente es que muchas de estas alianzas no surgen de coincidencias ideológicas, sino de intereses momentáneos orientados a alcanzar el poder.
De este modo, en lugar de priorizar propuestas claras que beneficien a las ciudades y provincias, predominan acuerdos poco transparentes y alejados del debate público. Los valores quedan relegados y el objetivo principal pasa a ser ganar elecciones.
La fanesca, tradicional símbolo de unión en los hogares ecuatorianos, se convierte aquí en una metáfora de la política actual: una mezcla de intereses diversos. Sin embargo, esta “fanesca política” no representa una verdadera unidad, sino pactos circunstanciales.
El problema no radica en la formación de alianzas, ya que estas son parte natural del ejercicio político. La preocupación surge cuando se construyen sin principios, sin claridad y sin considerar el bienestar ciudadano, debilitando así la confianza en las instituciones.
Este Viernes Santo puede ser también una oportunidad para replantearnos qué tipo de política queremos: una más transparente, ética y orientada al bien común.
Finalmente, la ciudadanía tiene un rol fundamental: informarse, reflexionar y tomar decisiones responsables. Porque más allá de las alianzas, está en juego el futuro de nuestras comunidades.
Mayra García Calle
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