Vaivenes de la verdad

La verdad está a la baja en el millonario mercado de los valores humanos. Los grandes financistas de la política han encontrado la manera de crear mentiras convincentes que se usan y desechan a conveniencia. Las fábricas de engaños y el mundo falaz que crean tienen más importancia e influencia que cualquier atisbo de veracidad que pueda surgir en la esfera pública.

Ya en el siglo pasado Jorge Luis Borges, recortando una cita de Cervantes, concluyó que la historia es la madre de la verdad. El texto original del Quijote lanza una advertencia sobre la responsabilidad de la historia y sobre el proceder impecable que debe caracterizar a los historiadores. En el cuento de Borges se atribuye a esa frase un aire pragmático muy a tono con las tendencias filosóficas del siglo XX. En nuestros tiempos, el pensar que la historia engendra la verdad resulta aterrador, aunque fundamentalmente cierto. Vivimos inmersos en una realidad ilusoria construida con cantidades fabulosas de dinero que sostienen las mentiras cotidianas. Esos millones, tan útiles para el poder y el crecimiento de la riqueza de los magnates, sirven también para otorgar al público las dosis de credulidad indispensables para sobrevivir en el ambiente tóxico de falsedades que rodea cada existencia humana. Sin esa credulidad tendríamos que enfrentarnos a la realidad desnuda de nuestros propios rostros y de las cosas terribles que cohonestamos con nuestro silencio y nuestra indiferencia. Por eso, para evitar ver el retrato desfigurado que guardamos en el desván de nuestras conciencias, escogemos tomar interminables píldoras de las redes sociales y tragamos diariamente las mentiras que se nos ponen a mano y que nos mantienen adormilados y ciegos a las realidades que vemos todos los días en las calles. Somos inmunes ahora a la mirada desesperada de un niño que pide una moneda. Nos causa un mínimo escozor la evidencia del genocidio palestino. Nos importa muy poco el gran mercado pedófilo de Epstein y de grandes capitalistas. Y hasta nos parece bien engañar y engañarnos con textos copiados por la Inteligencia Artificial. La verdad nos incomoda, y su madrastra, la historia, yace amordazada y violentada por hordas de sicarios digitales.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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