En el marco de las elecciones presidenciales y asambleístas del 9 de febrero, se hace imperativo reflexionar sobre el valor del voto en el Ecuador. Este derecho, conquistado con arduo esfuerzo y sacrificio, es el instrumento fundamental mediante el cual cada ciudadano participa en la construcción de un futuro más justo y equitativo.
La jornada electoral no solo es un acto de cumplimiento cívico, sino también una oportunidad para renovar la esperanza y la confianza en nuestras instituciones. Al acudir a las urnas, ejercemos un poder transformador, recordándonos que la política debe estar al servicio de la sociedad y que el compromiso ciudadano es clave para frenar prácticas históricas de clientelismo, populismo y corrupción.
En un contexto marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, es esencial que los votantes se informen de manera crítica sobre las propuestas y antecedentes de cada candidato. Un análisis reflexivo permite discernir entre discursos populistas y proyectos de nación sólidos que promuevan el bienestar colectivo. Así, la participación se convierte en un acto consciente y responsable, en el que cada voto es un paso hacia el cambio.
En definitiva, el derecho al voto es mucho más que una mera formalidad. Es la herramienta con la que cimentamos nuestra democracia y plasmamos nuestras aspiraciones. Este 9 de febrero, cada ecuatoriano tiene el deber de consolidar la democracia y el privilegio de participar activamente en la construcción del país que soñamos.
Sybel Ontaneda Andrade
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