Un binomio para festejarlo

Tratando de insistir en el antiguo concepto del amor y la amistad, porque el de hoy “modernista” no tiene parecido, hemos atado palabras y pensamientos en homenaje a este binomio que hace un verdadero todo por la felicidad.

Al amor hay que magnificarlo no sólo el día de San Valentín sino todos los días, por ser el valor más hermoso cuando golpea con manos de azucena las puertas del sueño y la realidad. El amor es la evolución de la vida, esa curiosidad anatómica, la atracción maravillosa, la eclosión de sentir las reacciones afectivas. Amor al que no hay que temerlo cuando llegue el momento de aceptarlo, para juntos purificarlo.

Románticos creen que primero es la amistad y luego el amor. Lo dicen para rendirle homenaje a la amistad como afecto fundamental para la humanidad. Se instaura un día especial anclado al del amor. Un día para entender la amistad como felicidad, como un afecto personal puro y desinteresado, que nos hace reconocer que vale la pena vivir la vida a pesar de los desafíos, incomprensiones y periodos de crisis.

Como dudamos que primero es la amistad y luego el amor, preguntémonos “¿Qué somos sin amor? Somos piedras /Somo simples esclavos/ Somos pájaros sin alas”. Son versos y mucha más poesía de Pablo Ruiz Aguirre en “Mosaico”. Un libro que nos invita a “caminar por los cielos y volar por la tierra”, que puede ser la mejor compañía en esta fecha porque los libros “buscan ojos que los abracen”.

En fin, si el amor y la amistad como binomio busca en nuestro desorden festejarlo, que lo haga, sabiendo que el amor es el primer pensamiento que cruza por la mente de Dios. Que sin buscar razones ajenas lo disfruten, sabiendo que “los amigos se miden por abrazos”.

Adolfo Coronel Illescas

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