Siempre es bueno tener una perspectiva general de lo que traerá un nuevo año, que seguramente en el Ecuador lo iniciaremos con una gran perspectiva de retos, ilusiones y desafíos.
El 2023 está marcado por ser un año electoral, en donde se desarrollará la elección de nuevas autoridades, en la que los electores en edad de sufragar tenemos la gran responsabilidad de pronunciarnos en las urnas el cinco de febrero, de entre siete u ocho papeletas según donde habitemos (sector urbano o rural), puesto que corresponde elegir a las autoridades seccionales, integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social y un referéndum que en la práctica no ofrece ningún cambio a lo que actualmente vivimos.
El desafío es inmenso para quienes inician su campaña electoral, en vista de que las diferentes localidades demandan de candidatos serios, que puedan proponer lo que realmente van a realizar, que no sea un medio de ofrecer lo que se puede y no se puede, con la única finalidad de llegar a los cargos de elección popular, la ciudadanía exige que en el próximo mayo de 2023 lleguen a posesionarse autoridades que digan la verdad, con el conocimiento del cargo que van a desempeñar y con acciones firmes en su gestión.
Los ecuatorianos debemos reflexionar profundamente al otorgar el voto, luego de revisar propuestas, perfiles y trayectoria de los candidatos, debido a que los procesos electorales son espacios de reconciliación, en los cuales el pueblo se pronuncia con la finalidad de marcar un rumbo en su destino, de generar espacios de gobernabilidad y acuerdos, pero justamente ese camino debe ser con quienes hayan dicho la verdad a su pueblo, ya que de mentiras estamos cansados.
Daniel González Pérez
dagonzalezperez@gmail.com