Tulio Bustos …se ha callado el cantor

Por un instante, se ha callado el cantor, pero como los madrugadores chilalos volverá a cantar desde lo alto de un sauce, un aliso o un arrayán en las orillas del Zamora y su canto se oirá en esta pequeñita ciudad y llegará hasta Angelina, el Zhañi y su luna, y más allá.

Conocí a Tulio Bustos cantándole al Negro Alejando que murió sin cura y sin confesión, sin bóveda ni panteón. Y lo conocí en aquellos años tempranos en los que amamos y luchamos por la paz, la libertad, la verdad, la justicia, el amor. Y fue en esos tiempos cuando Tulio se enamoró y para siempre de su Muñequita Morena.

Fue aquí en la vecindad de barrio cuando Tulio, poeta, con estirpe de juglar y maestro de la palabra eterna, nos cautivó con su voz exquisita y diáfana, trasuntando murmullos de ternura que subyugan; y su forma tan propia de desglosar en acordes de guitarra la belleza y poesía. Fue aquí mismo en la vecindad de nuestro barrio donde se dieron sus primeros cantares llenos de bella poesía y hermosa sencillez que nos transportaron bien lejos de este espacio, para buscar el sentido a la vida, a la muerte, que nos conturban el alma, para intentar entender lo difícil y paradójicamente bello que es vivir.

Hoy evoco con nostalgia esos tiempos y recuerdo aquellas tardes escuchando y tatareando con amigos del barrio:

Pequeñita ciudad,

donde el canto florece con las rosas

Pequeñita ciudad,

tras cada puerta hay un jardín de amor…

Tulio fue dichoso porque pudo vivir como sentía, pudo decir aquello que vivía y porque su copla caló siempre hondo en el corazón de la gente y su trovar se adueñó del corazón de todos.

¡Tantos y tan ricos recuerdos!, tantos cantares y sentires!, ¡tantos y tan buenos!

Zoila Isabel Loyola Román

ziloyolaq@utpl.edu.ec

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