Un viaje siempre deja aprendizajes, pero este a Bogotá, en el marco del Colombia Tech Fest, me dejó tres que quiero compartirte.
La primera: mientras más grande, más sencillo (contrario al viejo paradigma mejor muerta que sencilla). Andrés Bilbao, cofundador de Rappi, hablaba ante tres mil personas cuando su hijo empezó a llorar. Detuvo la conferencia, pidió disculpas y se acercó a su hijo para tranquilizarlo. Vulnerable, humano, auténtico. Ahí entendí que la verdadera grandeza no es inalcanzable, es cercana.
La segunda: Serguéi Proaño, líder de minegocio.com.ec —la segunda empresa en facturación electrónica en Ecuador— me sorprendió no solo por la valoración de su empresa, sino por lo que no necesita: no bebe alcohol. Ni una cerveza; no usa el iPhone último modelo y no es tacañería sino minimalismo. Y esa disciplina, lejos de ser fuera de onda, es la que sostiene la claridad que lo hace crecer sin “matar las neuronas” -como él dice-.
La tercera me la regaló María José Echeverry, cofundadora del evento: “El esfuerzo que gastas en pensar en pequeño es el mismo que gastas en pensar en grande. Así que mejor piensa en grande”. Parece obvio, pero ¿cuántas veces nos quedamos diseñando sueños minúsculos por miedo a intentar los grandes?
Bogotá me recordó que la vulnerabilidad nos humaniza, la disciplina nos fortalece y la visión amplia nos expande. Tres lecciones simples, pero potentes, que bien podrían transformar la manera en que decidimos vivir y emprender.
¿Con cuál de estas tres te quedas tú?
Marlon Tandazo P.
marlonftp@gmail.com