Tras el caso de María Belén

El femicidio de María Belén Bernal ha sido repudiado en forma generalizada no solo en el Ecuador sino a nivel internacional, hacia donde ha trascendido el execrable crimen debido al influjo global que tienen las redes sociales. Esta gran reacción mucho se debe a que el delito fue cometido por su cónyuge, por ser este un oficial en servicio activo de la Policía Nacional y porque el hecho se produjo en un recinto policial, con complicidad o, por lo menos, con la omisión del deber de policías, cadetes y fiscales.

En medio del dolor de familiares y amigos de María Belén, así como de la condena social, no han faltado quienes, con fines protervos, pretenden utilizar políticamente el femicidio y, principalmente, desprestigiar a la Policía Nacional, que como institución no es responsable del crimen, pero que, sin duda, debe desarrollarse profesionalmente y ser depurada de sus malos elementos.

Son tres, por lo menos, los grupos de interés de este chanchullo. Primero, el correísmo, que no cesa en su afán desestabilizador por lograr impunidad para sus cabecillas. Segundo, el filoterrorismo mariateguista, que pretende destruir la institucionalidad democrática para instaurar el “comunismo indoamericano”. Tercero, el crimen organizado transnacional, para quien la Policía Nacional es su principal enemigo, por lo que busca contaminarla y destruirla. No somos ingenuos y no vamos a permitir que estas bandas logren sus objetivos perversos.

Gustavo Ortiz Hidalgo

gortizhidalgo@yahoo.com

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