¡Qué ironía llamar a la mujer el sexo débil cuando la mujer desde los tiempos más remotos ha dejado huella, solucionando situaciones dramáticas, peligrosas, complejas, a las que ellas hicieron frente con valor, dignidad, honestidad! Y, sobre todo, somos las mujeres las que hemos parido con inmenso amor y dolor los hijos.
Hoy seguimos siendo guerreras, mujeres que luchamos cada día, que emprendemos, que no nos desanimamos, ni desmayamos, ni retrocedemos ante nada y que nos hemos dado a nosotras mismas, la tarea de salir adelante a pesar de las dificultades.
La mentalidad que pervive en occidente es básicamente racionalista, considera los pensamientos como hechos y tiene arraigada la tendencia a tajar a la realidad en dos categorías binomiales: bueno/malo, masculino/femenino, fuerte/débil, …
Siguiendo esta lógica dualista de occidente, me refiero a la “idea” de que las mujeres somos el sexo débil y los hombres el sexo fuerte. Quién si no la mujer es madre, esposa, ama de casa, amiga, trabajadora y mil cosas a la vez, somos las mujeres mejores administradoras u obreras, tenemos más facilidad de palabra, mejor audición, más destreza con las manos, vemos el panorama completo. Nos caracteriza una gran inteligencia emocional y, como si fuera poco, solo nosotras tenemos ese sexto sentido, la intuición femenina, que nos permite conectarnos con esa parte nuestra, tan femenina, que es sabia y conocedora de la verdad.
Hoy es un buen pretexto para enviar un abrazo a cada una de nosotras mujeres: madres, esposas hermanas, amigas, compañeras que trabajan y luchan por la construcción de un mundo más justo, más noble y más humano.
Zoila Isabel Loyola Román
ziloyola@utpl.edu.ec