El chuchaqui en el Ecuador es conocido como el malestar físico y emocional que ocurre después de unos tragos. Lo curamos algunos requirentes eternos de líquido vital y otros inclinados por volver a sentir la inhibición de los sentidos a causa del alcohol. Lo cierto es que, tras el chuchaqui, viene otro fenómeno; con mi grupo de amigos lo hemos denominado “domingo de reflexión”.
Ahora bien, tras las elecciones y sus resultados, los ecuatorianos quedamos chuchaquis. Algunos inconformes, taciturnos, y confundidos. Otros cuantos alegres, repletos de algarabía y llenos de expectativa. Empero de ello, el Ecuador ya no está chuchaqui; parece que el “domingo de reflexión”, se ha transformado en una semana, o un “mes de reflexión”. Y, es que los resultados de las elecciones seccionales, el referéndum, y la elección del CPCSS nos dejan un especial mensaje.
Tal vez la burbuja donde vivimos no resulta ser el equivalente a una verdad nacional, o local. Tal vez sea el privilegio que nos rodea lo que nos inclina a inobservar que nuestra realidad no responde a la realidad de una ciudad; y es que no resulta ser empatía en todo el sentido de la palabra cuando al momento de ponerte en el lugar de otro, te continúas sentando en tu propia silla.
A qué responden los resultados de las elecciones del Referéndum 2023, será materia de un texto diferente. Pero, los resultados de las elecciones seccionales, responden a un grito desesperado de cambio. Pero en cambio en serio. El pueblo se ha pronunciado, y los resultados indican: esta vez no habrá consideración o medias tintas. Esta vez, la administración será continuamente auditada, la exigencia será pan de cada día, los actos de corrupción, la prepotencia y las mentiras no serán toleradas bajo ninguna circunstancia. Los resultados no son un voto de confianza, son un exhorto de calidad. Después del chuchaqui viene el domingo de reflexión, cuando nos responsabilizamos de nuestros actos y sus consecuencias y juramos no volverlo a hacer.
Ma. Verónica Valarezo Carrión