El mejor camino para mejorar la convivencia es aquel que permita reconocer el origen de los problemas, delimitar las zonas de conflicto en las que se sienten insatisfechos y comentarlo con su compañera para hallar asertiva y proactivamente las posibles soluciones al conflicto, es la mejor opción.
Hay factores que inciden en las conductas de las parejas pues modulan los hechos cotidianos, afectando nuestras acciones y reacciones. Me refiero a las expectativas; es decir, a las esperanzas, previsiones, ilusiones, deseos, valores y creencias que cada uno ha generado en función no ya de lo que la realidad nos muestra, sino de diversos factores tales como la educación, los mitos al uso, las frases seculares acerca de la felicidad, el matrimonio y el amor, la propia manera de imaginar y concebir la relación de pareja y la elaboración de nuestros sentimientos y emociones en función de aquello que pensamos y deseamos.
Al evaluar la realidad y enjuiciar los acontecimientos y cuando dichas expectativas nos inducen a formular aseveraciones como: la vida en común ha de ser siempre fuente inagotable de placer y ayuda, siempre estaremos enamorados el uno del otro, nunca debiéramos enfadarnos ni discutir, etc., es oportuno revisar nuestras ideas, porque estamos situando la relación en un marco y una dimensión totalmente inadecuados. Nos negamos a admitir las realidades y podemos sumirnos en la desesperanza y experimentar una intensa sensación de decepción.
Algunas personas adoptan una postura entre resentida y resignada. En consecuencia, debemos esforzarnos en trabajar y subsanar los aspectos que afectan la relación, sin esperar que ésta mágicamente, por la fuerza del amor lo haga. Nunca debe intentarse adecuar la realidad a las expectativas, ello impediría realizar los cambios conductuales oportunos que toda reestructuración interactiva y asertiva requiere. Recuerden, es su decisión ser felices, que tengan un venturoso 2023.
Francisco Herrera Burgos
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