Durante mucho tiempo la literatura producida en América Latina era una réplica de lo que se escribía en Europa. Intentando perseguir esos cánones la región no encontró grandes éxitos (aunque no dudo que hayan existido algunos). Fue con la revolución cubana que el mundo comenzó a observar lo que se escribía en esta parte del planeta.
¿Por qué la revolución cubana? Pues al mundo le pareció extraño que una pequeña isla en el caribe pueda levantarse en armas en contra del gran poder hegemónico que, aun hoy, es EEUU. Con el ya conocido bloqueo económico a Cuba, una de sus reacciones fue llamar a artistas para que comiencen a escribir realidades latinoamericanas, que no dependan ni de EEUU ni de Europa. A este movimiento se le llamó el «boom» latinoamericano.
¿Quiénes respondieron a este llamado? Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes (principalmente). Aunque claro, siempre va a existir la polémica de si se debe incluir en ese grupo a grandiosos talentos como Rulfo, Borges, Lispector o Garro. Diría que a ninguno de estos últimos y últimas, les hace falta pertenecer a ningún movimiento.
Lo que caracterizó a esta nueva literatura fue que estos autores escribían para que otros latinos los leyeran. De repente se comenzó a irrespetar las escuelas europeas de escritura. Y se empezó a escribir para nosotros mismos. La literatura latinoamericana comenzó como un acto de rebeldía y nunca ha dejado de serlo, aunque el movimiento del «boom» haya terminado.
Hoy todavía existen rebeldes que siguen relatando realidades latinoamericanas. Grandes exponentes como Gabriela Alemán, Gabriela Ruiz, Sandra Araya, Mónica Ojeda, Daniela Alcívar Bellolio y demás talentos. Los invito a todos y todas a ser rebeldes y leer a estas grandes escritoras latinoamericanas.
Alex Samaniego
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