Fabián Altamirano, un profundo conocedor del sector turístico, tiempo atrás, me refería el caso de Pontevedra, ciudad ubicada al noroeste de España, en la región de Galicia, vecindario en el que se desarrolló con impresionante éxito –durante casi tres décadas- la recuperación del espacio público, limitando en gran medida la circulación de vehículos y estableciendo, sobre todo en el centro de la urbe, áreas de circulación para los peatones y bicicletas. Se habla de un modelo exitoso, sostenible y amigable con el medio ambiente, donde el peatón se ha impuesto por sobre los automotores.
La consecuencia de ello, un mejor nivel de vida para la gente y el rescate del espacio público para que los niños, jóvenes, adultos y ancianos, puedan interactuar de manera segura y sin los niveles de polución del aire ni contaminación acústica tan frecuentes en ciudades atestadas de carros y en la que, los accidentes de tránsito, están a la orden el día, aportando a las estadísticas de muerte y discapacidades en la población.
Cuando revisamos esos buenos ejemplos, nos preguntamos ¿por qué no podemos replicar aquello en nuestra tierra? Como ciudad intermedia, como recordaremos, con la aplicación del Plan Loja Siglo XXI, se acumuló una rica experiencia como centro urbano con sello verde, tanto por la clasificación domiciliara y tratamiento de los residuos; apertura de senderos ecológicos y mantenimiento de áreas verdes; implementación de ciclovías; sistema de agua potable y alcantarillado, introducción de vehículos eléctricos, etc.
Sin embargo, el canibalismo político, ha podido más y ha hecho que retrocedamos, desandado lo ya caminado en materia de planificación urbana. Ahora, el vehículo es más importante que las personas y la peatonalización del casco central durante los fines de semana es apenas un recuerdo…
Aprendamos de las prácticas exitosas y no tratemos de inventar el agua tibia…
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion