
Sin lugar a dudas, el fútbol, genera emociones que, a veces, desbordan nuestra capacidad de aceptación frente a la realidad, porque nos aferramos a perspectivas que, por lógica, debieran darse; sin embargo, ¿quién ha dicho que el fútbol conoce de lógica? Porque de ser así, perdería la esencia del suspenso y emotividad, ya que los resultados serían la respuesta a un juego de lógicos razonamientos.
Felizmente el deporte, en este caso el fútbol, nos distrae de los problemas que vive el país, sobre todo de esos enmarañamientos políticos, y nos emociona por las vivencias que ofrece cada partido. Nuestra selección sub 20 tuvo un paso moderadamente bueno en el Mundial de dicha categoría que se celebra en Argentina. El sábado 20 de mayo, con un juego poco vistoso y con una carga de nervios, no pudo ante Estados Unidos que nos ganó en el minuto 92 por 1 a 0. La reivindicación vino el martes 23 cuando con un juego muy técnico derrotó a Eslovaquia por 2 a 1. El viernes 26, Ecuador, denotando una gran superioridad, se impuso a Fiji por 9 a 0, el marcador más abultado del mundial. Clasificamos a octavos en segundo lugar, después de los norteamericanos. El rival de Ecuador, en esta instancia del campeonato, fue Corea del Sur que clasificó invicto tras superar a Francia 2 a 1, empatar con Honduras a 2 y con Gambia a cero. Sumó cinco puntos. Posiblemente, la fácil victoria ante Fiji, generó demasiada confianza en los ecuatorianos e hizo pensar en que Corea no sería un obstáculo para seguir adelante, de paso que tomábamos revancha de ese 1 a 0 en el Mundial del 2019, cuando nos quedamos en semifinales. No hubo revancha porque los asiáticos, en los primeros veinte minutos, aprovechando las facilidades defensivas de Ecuador anotó dos veces. Antes del descanso, de penal, descontó la tri, pero apenas iniciado el segundo tiempo otro gol coreano, echó por los suelos las aspiraciones ecuatorianas que, sobre el final, puso el 2 a 3, pero no llegó a más. Creemos que se pudo avanzar más, pero no se logró. Como epílogo queda un buen plantel que, a futuro, escribirá su propia historia.
Darío Granda Astudillo
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