Navidad con solidaridad

En cada Navidad la palabra solidaridad, aquel noble sentimiento humano que es difícil apartarlo del corazón, surge como un recordatorio de que hay gente que necesita ayuda. Nos invita a reflexionar sobre la situación de aquellos menos favorecidos que nosotros y, a no cerrar los ojos ante la oportunidad de compartir nuestra mesa con el pobre que está a tu lado, con la pobreza que está a la intemperie.

La solidaridad es el valor de los valores que poco lo practicamos, siendo el eje principal que debe transformarse en una epidemia para preocuparnos y ocuparnos de la Navidad. Ocuparnos de borrar más de una tristeza, con una actitud amable, abierta, sincera que nos encadene con la esperanza. No hacerlo, teniendo posibilidades, denota indiferencia, egoísmo, codicia, mezquindad, y renunciar la posibilidad de estar más cerca de Dios.

Es lamentable que este tradicional evento de fe cristiana se haya convertido en una fiebre mercantilista, cuya prioridad es complacer, comprar, gastar, comer y beber opíparamente, convirtiéndola en una fecha costosa y estresante, en la que los mercaderes y negociantes aprovechan la ingenuidad de esta sociedad consumista, que no le importa saber cuánto gasta en nombre de la Navidad.

Si bien este mito divino no debe ser el único momento de solidaridad, no es menos cierto que a esta fecha la debemos acentuar sin que se agoten las palabras, los actos y las acciones buenas, para arrancar una sonrisa, un rayo de luz en el rostro, que delate alegría, felicidad, aunque el mundo ande al revés.

Que la gente buena que somos más, practiquemos el mensaje cristiano motivador de la solidaridad como el hilo que sostiene en el aire la estrella de Belén, que quisiéramos siga volando no sólo en Navidad sino por siempre, para iluminar el camino de la esperanza que es “el sueño de los que están despiertos”. ¡Feliz Navidad!

Adolfo Coronel Illescas

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