
La crisis político-institucional que afronta el país desde la post pandemia requiere soluciones urgentes y parecería que la disolución de la Asamblea y el retiro anticipado del presidente, medidas ambas que plantea la Muerte Cruzada, dan esa sensación de que esta crítica situación pueda terminar. Pienso que la población, intuitiva como es, lo va a aceptar así, con la permanente ansiedad de que el que venga sea mejor y a eso le han apostado grupos políticos como el correísmo que ya anuncian su conformidad con lo hecho, confiados en que el triunfo electoral de ellos está garantizado en la preferencia popular. Lo que no está claro en el horizonte es quién puede ser el más opcionado para presidir el país hasta el 2025 y quiénes son los nuevos asambleístas que, si se siguen eligiendo por lista y con los métodos de asignación de escaños usados hasta ahora, no garantizan una asamblea de mejor calidad. La muerte cruzada va a permitir al Gobierno pasar leyes que mejoren el entorno para la inversión y por lo tanto el empleo. Una de ellas, la reforma laboral para motivar a las empresas y emprendedores a contratar más colaboradores. También va a motivar a las autoridades a acelerar los resultados de su gestión. Sin embargo, la incertidumbre respecto a cuál será el próximo gobierno por posesionarse este año, mantendrá en compás de espera la inversión y tenderá a desacelerar el ritmo económico. Y la desaceleración impacta negativamente en la economía popular.
Marco A. González N.
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