Muerte cruzada versus muerte de cruces

Lamentablemente estamos gobernados por los peores, por élites indolentes que el poder político corruptor los tiene obnubilados frente al sufrimiento del pueblo que fue, precisamente, quien los eligió; círculo vicioso que de nuevo nos lleva a plantear la pregunta del millón: ¿Son malos estos gobernantes que tenemos porque fueron elegidos por malos electores, o son malos los electores porque eligieron malos gobernantes? Es imposible lo uno sin lo otro. Lo cierto es que mientras en el pueblo campea la violencia, pobreza y demás; los burócratas de la función legislativa y ejecutiva, emulando a Alifanfarón de la Trapobana, vanidosos y envueltos en una nube de polvo, rodeados de aduladores, repiten con pedísecua habilidad error tras error. Dichos gobernantes lograron desprestigiar tanto el institucionalismo estatal que muy bien podría aplicarse la frase de Julián Marías: «Por mí que no quede». Pues por mí que tampoco quede uno y se les aplique la muerte cruzada, pero eso sí ¡que no mueran con armas por supuesto, sino políticamente! La paradoja del millón: el presidente no desea la muerte política a través de la muerte cruzada, pero sí prefiere sobrevivir en el poder con base a la «muerte de cruces» del pueblo al autorizar que las gentes porten armas frente a la escalada de violencia. En cualquier caso, si me dieran a escoger, el último oficio que yo elegiría es el de las armas. No estoy tan seguro, pero prefiero la muerte antes que quitar la vida a otras personas a pistoletazos. Habrá gentes que se armarán hasta los dientes para proteger sus riquezas y tacañerías, allá ellos; al fin y al cabo «la sustancia gris de la guerra es hoy el turbio petróleo, para cuya extracción se precisa fuego, para cuya distribución fuego y para cuyo consumo fuego» C. Díaz.

Jorge Benítez Hurtado

jabenitezxx@utpl.edu.ec

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