En los últimos meses, muchos ecuatorianos sienten que el país camina solo mientras su presidente viaja. Daniel Noboa ha realizado varios desplazamientos a Estados Unidos: el más reciente, del 18 al 20 de noviembre, fue anunciado como “viaje oficial”, pero sin agenda pública ni explicación clara de objetivos o reuniones.
La propia Secretaría de Integridad Pública reconoció que el viaje tuvo carácter “confidencial”. A esto se suma un nuevo viaje a Estados Unidos a finales de noviembre y la preparación de una gira a Emiratos Árabes Unidos y Noruega, vinculada a acuerdos de inversión firmados meses atrás.
Los defensores del Gobierno hablan de “búsqueda de recursos e inversiones”, pero muchos ciudadanos se preguntan por qué estas gestiones se hacen con tan poca transparencia comunicacional, justo después de una consulta popular donde la mayoría rechazó las propuestas presidenciales, incluyendo la posibilidad de bases militares extranjeras. Al mismo tiempo, dentro del país se viven crisis muy concretas: violencia sostenida, estados de excepción recurrentes, más de 7.000 homicidios en lo que va del año, y un sistema de salud golpeado por recortes, desabastecimiento y cambios constantes de ministros, hasta el punto de trasladar más responsabilidades a la Vicepresidenta en medio de la tormenta. Desde una mirada humana, el problema no es solo cuántos viajes hace un presidente, sino qué siente la gente mientras tanto: que falta alguien que dé la cara, que explique, que asuma errores, que marque un rumbo creíble.
Un liderazgo que se percibe distante, silencioso o más atento a escenarios internacionales que a la angustia cotidiana del ciudadano, termina alimentando frustración y desconfianza. Más allá de etiquetas políticas, la pregunta de fondo es sencilla: ¿un gobierno está al servicio de la gente cuando se mueve sin contarle nada, cuando las decisiones más sensibles se explican poco y se escuchan menos? La respuesta no está en un eslogan, sino en la experiencia diaria de cada ecuatoriano: seguridad, trabajo, salud, oportunidades reales. Ahí es donde, tarde o temprano, cualquier gobierno se pone a prueba.
Marco A. González N.
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