Han transcurrido los primeros días del Nuevo Año y los buenos deseos aún emanan de la boca y el corazón, expresando alegría y esperanza. Oportunidad que nos permite fortalecer el ánimo colectivo, para acercarnos en este 2023 a metas, desafíos, retos coherentes con nuestra realidad aunque sean intencionales, porque solo la intención ya nos permite superar nuestra inacción anterior.
Sin embargo, lo que estamos deseando se hace caminando, pero no a ciegas sino con propósitos, dejando de lado la indiferencia y la inacción. Una forma de hacerlo es incluirnos, como parte de la construcción política pública, en los buenos proyectos de las nuevas autoridades seccionales que elegiremos en febrero y que, si bien aún no está tomada la decisión del poder de su voto, hay que hacerlo, pensando, reflexionando en los candidatos que estén preparados con cabeza y corazón. Alcalde, prefecto, concejales y consejeros que aparte de dinamizar la obra pública se preocupen de reivindicar nuestros derechos frente al olvido. Quisiéramos oír las propuestas para exigir al Gobierno lo que nos corresponde. Y las ofertas serias, viables para iniciar el cambio que Loja necesita ¡ya!, para mejorar su futuro.
Los primeros días de enero nos sirve también para agradecer que aún estamos presentes en el recorrido por la vida, y por lo que nos espera en este nuevo año, que debemos forjarlo construirlo con un estado de ánimo contagioso, alegre, lleno de esperanza y felicidad, como escribe Nelsa Curvelo “Hay que intentar mejorar muchas realidades personales y colectivas. Cada cual, con su trabajo, con sus sueños, cada cual con la esperanza delante, con los recuerdos detrás. Gente de mano caliente por eso de la amistad, con horizonte abierto, que siempre está más allá, con tesón y voluntad”.
Que el año que estamos estrenando nos traiga progreso y esperanza. Que la paz y la justicia se pongan de acuerdo.
Adolfo Coronel Illescas