La primera imprenta

Podemos imaginarnos a un monje copista realizando la copia a mano de un libro como La República, de Platón, antes de que se invente la imprenta. Posiblemente le llevaría unos pocos meses el hacerlo. ¿Y qué decir si se trataba de copiar toda la Biblia? En tal caso sería más de un año. Evidentemente, esta forma de copias de libros no permitía que se tuviera una buena cantidad de ellos.

Los monjes copistas se las arreglaron para ganar tiempo: uno de ellos dictaba a un grupo de quince o veinte, lo que permitía obtener más ejemplares en menos tiempo. Así se procedió con todos los libros antiguos de la época del nacimiento cultural de Grecia y de otras latitudes, salvándose, de esa manera, la cultura que sirvió de base para las épocas posteriores, especialmente de Europa.

Pero, aproximadamente en el año de 1 400 nació el inventor de la imprenta con tipos móviles: Johannes Gutenberg.

Gutenberg da comienzo a la edición de la Biblia en el año 1 452, la cual tiene que postergarse por carencia de solvencia económica para pagar el préstamo que le había hecho Johann Fust, quien se alió con su yerno y editaron una Biblia en 1 456. Sin embargo, en 1 455 Gutenberg avanza a editar unos cuantos ejemplares muy bien ejecutados de la llamada Biblia Sacra con 42 líneas por página, conocida como Biblia de 42 líneas. Se conoce que en la actualidad existen unos 48 ejemplares en buen estado y completas, dos de las cuales reposan en la Biblioteca Británica. El precio era de 30 florines, según Wikipedia, y era equivalente aproximadamente al salario de tres años de un empleado promedio. Este dato nos muestra lo difícil de adquirir una Biblia en esos tiempos.

Gutenberg vivió luego una vida más o menos acomodada y murió el 3 de febrero de 1 468, unos quince años antes del nacimiento de Martín Lutero.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *