Varios pensadores, sostienen que los actuales programas de enseñanza escolares – sobre todo de historia y geografía – y la formación en los hogares contribuyen a formar una juventud militarizada, belicosa, destructora, irreverente y poco amante de la paz.
Es cierto que, con la decidida actitud de los espíritus versados y clarividentes, se han arbitrando muchos medios para evitar las guerras y consolidar la paz en el mundo, pero se han descuidado en educar y enseñar a las nuevas generaciones en la paz y para la paz.
Así, pues, en todas las latitudes y bajo todos los cielos se debe introducir una modificación profunda en la enseñanza de la historia, que dejando de lado aquella apoteosis de los guerreros, la cronología de las batallas que solo han traído sangré, deberían implementar un nuevo currículum educativo, lo que supone enlazar o conectar la educación inicial con la enseñanza.
Educar es formar a los sujetos en valores (esta formación se debe recibir en casa) y enseñar es la transmisión de conocimientos (esto se aprende en la escuela). Esto está claro y todos sabemos que ambos contextos deben estar ligados y trabajar juntos para conseguir un modelo educativo que nos enseñe a hacer valer y respetar nuestros derechos de una manera exenta de todo tipo de violencia y educando al alumno en valores y actividades como la justicia, la tolerancia, el diálogo, etc. No hay ninguna otra verdad. Y los seres humanos, nos guste o no nos guste, somos los responsables de aquello que ocurra o que dejase de ocurrir en la sociedad… Nada más.
Jaime Guzmán R.
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