La Navidad: asambleístas, alcaldes y presidentes

La Navidad desde tiempos inmemoriales se ha caracterizado por ser una fiesta de la humildad, del amor y del perdón, al menos se supone que así fue antes de ser absorbida por la sociedad de consumo.

Ciertamente que es una fiesta de origen pagano, originada por la adoración a Saturno que la hacían anualmente los romanos en el solsticio de invierno, la iglesia la adoptó y desde entonces se celebra como el nacimiento de Cristo. Pero independientemente del origen de esta celebración queremos enfocar la forma en que se celebra hoy en día por parte de las sociedades modernas: primero y más allá del sometimiento de la sociedad por parte de la Iglesia, también es usada por parte del Estado y de todos los entes que conforman la comunidad. 

En nuestro país ya es una tradición que la Navidad se la ha utilizado por los personajes y movimientos políticos para ganar adeptos. Es irrisorio e indignante que a quienes hemos elegido para representarnos, desde el presidente de la República, pasando por asambleístas, alcaldes y prefectos y demás, usen este tipo de fiestas para repartir caramelos a los niños en un afán de congraciarse ante quienes una y otra vez traicionan con sus acciones, congraciarse ante quienes los buscan únicamente en tiempo de votaciones; una forma muy básica y mezquina de acallar sus conciencias.

Si los representantes sociales han sido elegidos para trabajar, ¿qué hacen ofreciendo insignificantes fundas de caramelos cada Navidad? La sociedad como tal, deberíamos rechazar contundentemente este tipo de acciones triviales que no están dentro de las responsabilidades de estos servidores públicos. Ciertamente que los niños esperan un agasajo cada Navidad, pero para eso hay personal que puede hacerlo, no necesariamente aquellos que se quieren ver simpáticos ante quienes les eligen.

Hever Sánchez M.

@Hever_Sanchez_M

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