La jaula de las loras

El Ecuador debería ser el ejemplo mundial de la unanimidad periodística. Sin faltar un día los noticieros radiales y televisivos coinciden palabra por palabra en unas determinadas opiniones y en unas específicas visiones de la realidad. Los últimos días han sobrepasado todos los récords de concordia noticiosa. Los telediarios de la mañana informan con horror sobre los peligros confiscatorios de las contribuciones a las utilidades de la banca y de las grandes empresas. Al medio día otro noticiero se hace eco de esos temores y esas angustias periodísticas. En el intermedio diez informativos radiales han pontificado sobre los malvados impuestos y han propuesto un paraíso terrenal en el cual la solidaridad sea una mala palabra. Los sempiternos economistas que son entrevistados un día sí y otro también ratifican esas graves opiniones, y agregan que estamos muy cerca de una gran catástrofe financiera si es que no se toman las mismas medidas neoliberales que han fracasado en los últimos cuarenta años. Los serios y repetitivos constitucionalistas, con el frondoso pelaje lustroso de jurídica brillantina, haciendo un calculado uso de visajes y ademanes dignos de su alta alcurnia doctrinaria, señalan en coro que la norma suprema protege a las desfavorecidas y siempre maltratadas élites financieras.  Al llegar la hora del café de la tarde cientos de miles de opinadores de las redes sociales han tomado esas mismas tonterías y las han reciclado como genialidades propias. De forma que un eco recurrente repica desde todos los ángulos y vuelve a las mismas palabras que se dijeron en las primeras horas de la madrugada. Y así día tras día y con todos los temas que uno puede imaginarse.  La estridencia interminable de una jaula de cotorras que repiten con mística devoción la letanía de las viejas ideas mercantilistas.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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