La huella silenciosa de una madre persevante

Carmen América Andrade Rojas, mujer de carácter firme y espíritu sereno, cuya vida se distinguió por la responsabilidad, la coherencia y la entrega constante a su familia y a su comunidad. Su discreción fue una de sus mayores virtudes: hablaba poco, pero actuaba con determinación y ese estilo de vida reflejaba prudencia, sensatez, paciencia y una fortaleza interior que marcó a quienes compartieron con ella.

Desde temprana edad demostró disciplina y voluntad de superación, espíritu visionario que la llevó a sus diez años a trasladarse a la ciudad de Cariamanga para formarse en la Escuela María Auxiliadora, experiencia que contribuyó a consolidar su carácter y su sentido del deber. A lo largo de su vida administró su propio negocio con dedicación, sosteniendo con esfuerzo su hogar y aportando con trabajo honesto al bienestar de los suyos.

Su hijo Lewis Leonel ocupó un lugar central en su existencia, a quien lo acompañó con apoyo permanente en su educación y en cada etapa de su crecimiento, manteniéndose siempre atenta a sus necesidades, aun cuando la distancia los separó en determinados momentos. Ese vínculo fue su mayor motivación y el eje de muchas de sus decisiones, guiadas por el deseo de verlo avanzar y consolidarse.

Profundamente devota de la Virgen del Carmen, heredó desde 1960 la sindicatura que ejerciera doña Rosa Valdivieso en representación de la familia Torres Valdivieso, misión que la desarrolló con mística y fe, organizando hasta el año anterior la festividad como prioste principal junto a la familia Andrade Rojas. Su vida, tejida de deber, fe y amor constante, seguirá latiendo en la memoria de quienes la amaron. Que descanse en la paz de Dios y que su recuerdo sea siempre luz y consuelo para su familia.

Sybel Ontaneda Andrade

sybelontanedandrade@gmail.com

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