La herencia maldita

Un discurso recurrente en la política es el de la “herencia recibida”. Los gobiernos entrantes suelen echar mano de este argumento para justificar la difícil situación económica, social o institucional de un país. Sin embargo, esta excusa se torna cada vez más insustancial ante los ojos de una ciudadanía cansada de promesas incumplidas.

Un presidente, al igual que el gerente de una empresa, asume un cargo con pleno conocimiento de la situación que enfrenta. No puede llegar al poder y culpar a su predecesor por todos los problemas. Al aceptar el mando, asume la responsabilidad de liderar y buscar soluciones efectivas, independientemente de las condiciones heredadas.

La crisis energética que atraviesa Ecuador es un claro ejemplo de cómo la mala gestión de los recursos públicos puede exacerbar los efectos de fenómenos naturales. Si bien la sequía ha sido un factor desencadenante, es innegable que la falta de inversión en infraestructura energética, la ineficiente distribución de la energía y la ausencia de planes de contingencia han agravado la situación. La escasez de electricidad no es solo un problema técnico, sino también un reflejo de una planificación deficiente y de una falta de visión a largo plazo por parte de quienes han tenido a su cargo la administración de los recursos energéticos del país.

En la era digital, la imagen pública de los líderes políticos se construye en gran medida a través de las redes sociales, buscando generar una sensación de cercanía y conexión. Sin embargo, esta imagen cuidadosamente construida a menudo contrasta con una realidad muy distinta, donde las necesidades de la población siguen sin ser atendidas. Un verdadero líder no se define por la cantidad de seguidores que tiene en redes sociales, sino por su capacidad para tomar decisiones difíciles, asumir responsabilidades y generar resultados tangibles. Un líder inspira confianza, motiva a su equipo y trabaja incansablemente por el bienestar de aquellos a quienes representa.

Es hora de que nuestro líder deje de fingir una conexión con el pueblo y se enfoque en lo que realmente importa: trabajar arduamente para resolver los problemas que aquejan a la nación. La ciudadanía demanda líderes que se arremanguen los puños de sus finas camisas, se ensucien las manos y demuestren un compromiso real con el país.

En definitiva, la ciudadanía exige líderes que estén a la altura de las circunstancias y que demuestren que son capaces de construir un futuro mejor para todos. Es hora de dejar de lado las excusas y empezar a trabajar en serio.

Mauricio Azanza O

Maoshas@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *