La eliminación de una vida

El 26 de marzo, se dio muerte en España a Noelia Castillo de 25 años.

A los trece años sufrió la separación de sus padres y pasó a vivir en un centro de acogida. Allí sufrió algunos abusos sexuales y no la protegieron, lo que la llevaron a un intento de suicidio en 2 022, quedando parapléjica. En 2 024 pidió que le quitaran la vida.

En el sitio electrónico del periódico Actuall se muestra una carta de julio del 2 024 en la que Noelia pide el aplazamiento de su muerte porque está en estado de confusión.

Sin embargo, la petición siguió su curso y se determinó la aplicación de la eutanasia. Según el actor Redbad Klinstra, citado por Emerson Eduardo Rodrigues, en Facebook, de Curitiba, “fue llevada al quirófano, donde le extrajeron un corazón aún latiendo para un trasplante. Luego, su hígado, riñones, pulmones y cualquier otro órgano útil. En total, alcanzó un valor comercial de más de dos millones de euros”.

Frente a estos lamentables hechos, surgen preguntas de diversa índole, que requieren respuestas ineludibles. Por ejemplo: ¿De dónde nace el derecho de quitar la vida a un ser humano? ¿Podemos estar seguros de que todas las leyes han sido bien hechas, por seres capaces de no equivocarse? ¿Se puede saldar la culpa de los malhechores con otros actos inhumanos?

Si una persona se cree con derecho de asesinar a otra por cualquier razón que sostenga, entonces, por lógica, la segunda persona va a tener el mismo derecho de decretarle la muerte a la primera. No puede ser equitativo que solo unas personas puedan decidir sobre la vida de otras.

Otro punto que se desprende de este acto es que los violadores de Noelia pueden ahora caminar libremente por las calles de las ciudades, porque la víctima está muerta y no hay quién los reconozca y los denuncie.

Me dueles mucho, Noelia.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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