La elección y los contrarios

Loja es una ciudad construida alrededor de una narrativa que exalta lo culto, la cultura, sus prohombres, el brillo de los hijos en la historia. A la etiqueta de ciudad cultural se la toma como un blasón que se luce pero que no se piensa, no se problematiza, y se asume sin criticidad.

Aquel imaginario se traduce en cierto desdén hacia lo popular, a lo que sale del corsé de todo aquello que no signifique elitismo, pulcritud y sanidad. Esas formas crean una subjetividad dispuesta a preferir lo que se corresponda con esos moldes ideales. Es cierto, además, que hay clases sociales que tienen mayor facilidad de difusión de ciertas ideas, de formas de consumo, de formatos de vida.

Hoy, ad portas de un resultado electoral para el próximo ciclo de gobierno municipal y provincial, parece existir una evidente división de clase guiada por esa subjetividad.

De un lado tenemos a un virtual ganador a la alcaldía consolidado en una base popular constituida sólidamente, capaz de haber resistido el embate mediático, y a la invectiva de otros catorce adversarios que vieron en él su mayor enemigo. En su contra se levantan argumentos que condenan su formación, su inexperiencia, su carencia de los modos convencionales de un político, la ausencia de sus etiquetas ‘cultas’; es decir, porque no ha logrado un grado de “blanquitud”. Del otro lado, al virtual prefecto de la provincia no se le observan tan exhaustivamente ni las ideas, ni las formas que al otro sí. La subjetividad alimentada por ese hálito del cultismo condena sin tener muestras fehacientes de si lo blanco califica como bueno y lo no blanco como malo.

Pablo Vivanco Ordóñez

Pablojvivanco@gmail.com

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