Sería una ecuación simple el pensar que los problemas estructurales que acontecen en nuestra sociedad son los detonantes para que el comportamiento electoral siga un curso predecible sine qua non considerando en los actuales momentos variables como la delincuencia, el desempleo, la corrupción, problemas en electricidad, agua potable, entre los más importantes. Más, al analizar cuáles son los motivantes del porque eligen los ecuatorianos, deriva en lo burdo, fallido y nada sensato análisis considerando al ganador desde su percepción, a aquel que se hace más conocido, pero no por sus propuestas o planes de trabajo, no por su ideología, no por su carrera política, no por su comportamiento ético, ¡No!, nada de lo dicho forma parte de la ecuación que requiere de soluciones pragmáticas para contrarrestar las problemáticas alarmantes. ¡No!, lo que importa para muchos es que sea popular por su comportamiento obtuso, torpe, populista, payasesco, disonante con la envestidura por la que busca ser electo, por ser confrontador sin fundamento, por utilizar lenguaje violento, burlista y mediocre, es decir todo lo que personifica a un gandalla, y es que las redes sociales a través del internet son su nicho porque es el camino más próspero para llegar a esa población joven enraizada en el mundo cibernético y nulo conocimiento respecto al proceder político, social y menos aún económico. ¡Por ello la educación política a la población joven es ineludible y prioritaria! Ya que, de seguir con el mismo comportamiento, la decisión sin raciocinio triunfará en las venideras elecciones presidenciales y las siguientes seccionales, donde ofertarán espejismos con una ecuación recurrente que de lejos forma parte de una relación que en economía se denomina autocorrelación favorable entre las variables con un sesgo enorme entre ellas. Bastará ver y oír las intervenciones de una talega de proponentes muchos de ellos improvisados y otros con el proceder oscuro y turbio para cooptar los votos de aquellos que poco y nada reflexionan con su proceder político.
Paúl Cueva Luzuriaga
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