Empezará un nuevo año y auguro que sea de muchos existos para todos ustedes estimados lectores y, sobremanera prime la paz, tranquilidad y permita desarrollarnos en un ambiente libre de violencia. Este año ha primado la delincuencia en nuestro país, y en muchos casos la juventud se ha visto inserta en estos actos delictivos.
Bajo estas líneas preliminares, es claro que la delincuencia juvenil es uno de los fenómenos sociológicos que preocupa altamente, desde la esfera nacional y transnacional. Llama la atención la conducta que toman los jóvenes frente a la industrialización, globalización y tecnología. Desde las bandas juveniles regentadas por un “líder”, con simbología, territorio de control y denominación, hasta la violencia en los centros educativos e inmigración de jóvenes delincuentes; factores que transgreden gravemente el orden social y, que coadyuva además: el consumo de drogas, impulsividad, familia desestructurada, clase social baja, agresividad, falta de afectividad, etc., componentes que inciden a formar células delincuenciales con las mismas afinidades.
Ecuador es una presa fácil en cautivar jóvenes y someterlos a ser enemigos del Estado, formando pequeñas células delictivas que se forjan en captar más jóvenes como sector vulnerable, dúctil para delinquir. El frágil sistema educativo, legislativo, judicial y cultural, son los factores que inciden en el crecimiento de la delincuencia juvenil. La carencia de compromiso social desde nuestras familias incide mayormente en esta problemática. Por lo tanto, el compromiso para combatir esta contrariedad debe ser auspiciado por el Estado y la familia, a través de la enseñanza de los principios, patriotismo, ética, y buenos valores.
Alex Ricardo Valarezo V.
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