La cultura del esfuerzo

Aunque continuamente estamos recurriendo a la ley del mínimo esfuerzo, es verdad también que, pretendiendo ser más honestos, nos proponemos realizar el esfuerzo debido para alcanzar alguna meta que nos atrae. Ya sea para conseguir algo bueno (como, por ejemplo, una virtud), ya sea para terminar con algo malo (como, por ejemplo, un vicio).

Recojo unas ideas de algunos autores, como una guía para cuando se quiera empezar a subir a la cumbre de la montaña y ver el hermoso valle desde una nueva perspectiva.

En primer lugar, habrá que poner la mirada en el punto al que se pretende llegar. Porque si  no se pone la mirada a dónde uno se dirige, no se llegará a ninguna parte.

En segundo lugar, hacer un listado de lo que se tiene y de lo que hay que hacer. No vaya a suceder que nos falte aquello que necesitamos y nos quedemos a medio camino.

En tercer lugar, tengamos presente que el primer paso es el más importante. Nunca llegaremos a ningún sitio si no damos el primer paso. Y es el más difícil de todos. Cuando se empieza se sigue caminando; no antes.

En cuarto lugar, estar prontos a corregir el rumbo cuando nos hayamos equivocado. Los cohetes que se envían al espacio están errados en más del 80 por ciento del tiempo. ¡Pero se les corrige el rumbo y llegan a su destino!

En quinto lugar, bástale a cada día su propio afán. No acabemos con nuestras fuerzas queriendo hacer en un solo día lo que nos costará realmente más tiempo. Y no nos pongamos a llorar si en algún momento no hemos podido hacer lo correspondiente a ese día. Sigamos adelante.

En sexto lugar, disfrutar lo conquistado. Porque no tenemos solamente que hacer el esfuerzo por cumplir lo propuesto, porque eso no es el fin. El fin es el disfrute de lo conseguido.

Así que, ¡demos el primer paso! ¡Y disfrutemos lo conseguido!

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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