El mapa político latinoamericano vuelve a mutar con los últimos acontecimientos ocurridos en Perú, convulsionando nuevamente a la región. La crisis política, social e inclusive moral que históricamente enfrentan nuestros países se presenta con fuerza debilitando aún más nuestras frágiles democracias. 6 presidentes distintos desde 2016, protestas e inconformidad social, denuncias por corrupción e incapacidad para gobernar son la tónica de la crónica de una muerte anunciada de cara al gobierno del ya expresidente Castillo en el Perú.
La inequidad presente en las sociedades latinoamericanas, el estancamiento, desaceleración y bajo crecimiento económico han sido una constante en la historia de desigualdades estructurales que viven los pueblos latinoamericanos. Por otro lado, la inestabilidad política y social, polarización o el virus de la corrupción se han instalado en gran parte del continente profundizando las grandes brechas sociales, provocando así un deterioro de la esperanza de nuestras sociedades y consecuentemente incidiendo en la desconfianza de las personas en el sistema democrático y sus instituciones.
Este fenómeno como verdadero catalizador del descontento ciudadano generalizado a su vez ha incidido en el fortalecimiento de liderazgos mesiánicos, caudillistas, personalistas u omnímodos de la mano con estrategias populistas, divisionistas o demagógicas que con la manipulación de constituciones, beneficios sociales por altas rentas por materias primas o mayorías legislativas han influido en la mente y los corazones de los más desfavorecidos llevándonos por una senda autoritaria, corrupta y al mismo tiempo débil desde lo institucional que nos han arrastrado hasta esta crítica situación.
Santiago Pérez Samaniego
Twitter: @santiagojperezs