Hay cierta fraseología que se torna cliché, y que, por ser de tan amplia difusión son escasamente reflexionadas, porque como se vuelve tan mentada en todos los espacios sociales son parte de una tradición momentánea que imponen una fe en la que se cree hasta que una nueva moda discursiva ocupe su espacio: son respuestas automáticas.
Los sucesos verdaderamente importantes de la vida de la gente, suceden cuando nada ‘productivo’ -económicamente hablando- se está haciendo. En los tiempos que vivimos siempre estar ‘produciendo’ se ha convertido en una obligación contemporánea, mientras que el ocio y el disfrute de tiempos no productivos se convierten en inútiles para el vivir bien.
Ligado al productivismo (que puede ser laboral, sexual, estético, etc) se ha impuesto lo urgente de sentirse y mostrarse como ‘exitosos’, que se traduce en rictus impecables, redes como vitrinas, y odas al dinero, que cada vez se van haciendo más disimuladas, pero no por ello inexistentes.
Para ser ‘productivo’ y andar por el camino del ‘éxito’ hay que ser un ‘emprendedor’ que por fin se ha hecho dueño de su propio destino.
Lo peligroso de la conjunción de estas tres premisas actuales, es que si alguien cayese por fuera del demarcado círculo dorado de las prefiguras de hoy, caerán los predicadores del mercado a achacarle su falta de ambición.
Toda esa fraseología vuelta joya del circuito mercantil, lleva a suponer que los seres humanos son amos y señores de lo que sucede en la vida de cada uno, omitiendo que la condición gregaria de los seres humanos obliga a pensar y re-pensar la existencia en términos sociales, comunes, colectivos.
Pablo Vivanco Ordoñez
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