Hace poco tiempo escribí un artículo exponiendo la falta del hábito de la lectura en los ecuatorianos, sin olvidar que la lectura es el medio más efectivo para lograr el desarrollo social y económico de un país, e intelectual y ético del ser humano, sobre todo, en sociedades donde los valores están en decadencia.
Desde la perspectiva social, el buen hábito por la lectura es inherente a la educación, en buena parte tienen razón, pero al mismo tiempo no es tan real, ya lo establece Paucar, et al. (2024), quienes afirman que se requiere de cuatro elementos: la familia y su entorno social, los libros, los maestros y la biblioteca institucional.
El primero es fundamental, influye de forma directa en el hábito lector, convirtiéndolos a los padres en la base esencial, mediante la participación activa y directa, a través del ejemplo. Si un niño, nunca ha visto leer o coger un libro a sus padres, como puede pedirse que exista esta buena costumbre, claro, siempre habrá casos y casos.
Si un ser humano no ha estado desde temprana edad en contacto con libros, imposible que tenga interés en estos, aclarando que los libros deben obedecer a la edad y a sus intereses.
Los maestros, sobre todo, en los primeros años de aprendizaje, deben ser ejemplo, a través del incentivo y las dinámicas de lectura, sin descuidar los años subsiguientes.
Aunque, en la actualidad no parezca tener importancia, una biblioteca sigue jugando un rol fundamental en la formación educativa y académica de los educandos, los medios didácticos o tecnológicos que emplee el maestro y la institución para acercar al alumno a los libros, es lo que marca la diferencia en la calidad educativa que ofrece.
La mejor edad para lograr esta buena costumbre se presenta entre 8 a 11 años, y es hacia donde deben apuntar las soluciones, donde deben involucrarse padres, maestros e instituciones educativas, sin dejar de lado, los entes de gobierno, cuyo rol es fundamental en está urgente necesidad.
Pablo Ortiz Muñoz
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