Hace solamente 29 años la homosexualidad era un delito en el Ecuador. Sí, el Art. 516 del Código Penal vigente en 1997 estipulaba: “En los casos de homosexualismo, que no constituyan violación, los dos correos serán reprimidos con reclusión mayor de cuatro a ocho años.” Un día como hoy se declaró el día internacional contra la homofobia en el fútbol, en conmemoración al día en que nació el jugador inglés Justin Fashanu, a quien dejaron de contratar en grandes equipos de fútbol por haberse declarado homosexual. Sintió la discriminación no solamente de los dirigentes o técnicos por dejar de contratarle sino de los demás deportistas que no aceptaban que jueguen junto a ellos, hombres que sientan atracción por otros hombres.
Los homosexuales en las décadas anteriores a los 90´s en el mundo, no se declaraban como tales, y evitaban al máximo que se dieran cuenta de sus verdaderos gustos y atracciones sexuales y sean privados de su libertad de cuatro a ocho años de sus vidas. En aquella época, los hombres que tenían atracción por otros hombres tenían como únicas opciones: a) casarse con mujeres y tener hijos sin sentir atracción sexual, b) defender su sexualidad e ir presos al levantar su voz y defender su derecho sexual, c) desaparecer con su pareja y viajar a países en donde no sancionaban la homosexualidad; y, d) suicidarse, como sucedió con el primer futbolista en declarar su homosexualidad que ante tanta discriminación, fue acusado falsamente de violación y antes de ahorcarse dejó una carta en la que escribió “Me he dado cuenta de que ya he sido condenado como culpable. No quiero ser más una vergüenza para mis amigos y familia […] espero que el Jesús que amo me dé la bienvenida y finalmente encuentre la paz”. Triste realidad antepasada que sigue cobrando víctimas hasta la actualidad porque no nos damos cuenta que otras personas sufren por nuestras discriminaciones. Así que, si somos verdaderos humanos, jamás discriminemos a los demás por ser diferentes a nosotros, el más grande acto humano es respetar a nuestro prójimo y considerarle siempre igual en medio de la diversidad.
Manuel Salinas Ordóñez
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