En estos días que el mundo come, sueña, bebe futbol, presto la frase que un comunicador deportivo utilizó desde la capital de este deporte, Catar: hombres contra nombres. Frase que da lógica a este deporte. Al no ser una ciencia exacta sino de origen emocional, el fútbol se vive de la circunstancia, del momento y digamos también de la frialdad, llámese experiencia, del jugador para conseguir el gol, la meta del delirio personal y de su hinchada. Sin embargo, los números cuentan.
Ahora que vivimos el año electorero, no digo electoral, esta frase nos cae como anillo al dedo.
Tantos nombres, partidos conocidos, movimientos desconocidos, hombres gol todos ellos, nos embriagan a los seguidores con el conformismo del que se jugó como nunca y se perdió como siempre. Mientras tanto gritamos, aplaudimos, golpeamos y hasta baleamos con lo que sea para que nuestro santo mesías triunfe.
Así en desunión, es menor el poder de los esperanzados.
Se glorifica entonces en la cancha de la viveza a nombres sagrados, a bailarines de temporada, chulqueros putativos de glorias falsas, gigolós del jet set y goleadores de ocasión que golean no importa a quién. Todos entrenados en el doble discurso, en la magia de besos y abrazos. Elogiaremos a ellos, a sus antepasados, los endiosaremos también a su prole y seguiremos agachados esperando el látigo de la traición sobre nuestras espaldas.
¡Es hora de despertar! No para volvernos a dormir, sino para exigir.
Jaime Vinicio Meneses Aguirre