Frutos rojos

En los veloces tiempos que vivimos es crucial estar a tono con las tendencias en la gastronomía, en la salud, en la política y en la economía. Por ejemplo, ordenar una gaseosa con la comida denuncia a una persona vulgar e inconsciente de los peligros de la azúcar. En cambio, es siempre prudente el pedir con voz delicada y aire de conocedor un té de frutos rojos. Tal bebida señala a una persona que se ha unido en la lucha global contra el colesterol, los carbohidratos y ese malvado gluten que se cola en todos los platos populares. Quien prefiere los frutos rojos ya se encuentra en el camino correcto porque seguramente estará pensando en las formas de incentivar la inversión extranjera y de atraer a las grandes empresas que requieren con urgencia el arbitraje internacional. Tal método de solución de controversias es el favorito en los altos círculos y ciertamente combina maravillosamente con el refinamiento de aquel té y con la diaria preocupación por el riesgo país que, siendo tan dañino para la salud financiera del Ecuador, seguramente se fabrica con enormes cantidades de gluten. Para participar en las discusiones que conciernen a la inversión y al riesgo hace falta agregar a nuestra taza un extracto de flores de loto que nos haga olvidar que el peso de la inversión extranjera directa en el país apenas alcanza el 1.12% de PIB y que el año pasado llegó sólo a 127 millones de dólares. Un segundo sorbo de este brebaje borrará el hecho de que el CIADI (el centro de arbitraje del Banco Mundial) adolece de un sesgo intrínseco relacionado con la cultura jurídica liberal de sus árbitros alejada de esas preocupaciones ambientales y sociales que tan mal se llevan con las altas finanzas y los frutos rojos.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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