Recogiendo el pensamiento de André Maurois, una y otra vez he repetido desde estas mismas páginas que el amor al prójimo es el elemento esencial de la ética de una persona.
Pero no debería olvidarse una contrapartida sustancial; a saber, que todas las instituciones educativas y los padres de familia tienen el deber moral de educar y formar a los niños y jóvenes a amar al prójimo a través de nuestras acciones.
Llevar esta enseñanza ética a la práctica mediante obras de solidaridad, caridad, justicia y paz son eslabones que nunca deberían eludirse.
Pienso que con ello se conseguiría construir una sociedad más ecuánime que nos permita vivir una vida de justicia y equidad en medio de tantos desafíos de la vida moderna.
Que el problema no es fácil de resolver resulta obvio para todos; pero que esto tampoco se solucionaría solo rezando debería ser igualmente claro.
Lo que no se podría soportar por muchos más lustros es el deseo diabólico de causar un daño para el otro. Habrá que sacar imaginación de donde sea, con tal de cultivar la solidaridad y zanjar la insolidaridad o el egoísmo.
En esta época de Navidad, dejando de lado las puras palabras y de labios afuera, es preciso renunciar a prejuicios del tipo que sean, con tal de demostrar nuestro amor por los demás. Esto significa que debemos estar al lado a los demás sin importar su condición social, aspecto, origen, etc.
Nada, absolutamente nada, es más importante que “amar al prójimo como a ti mismo”.
Feliz Navidad y un abra interminable a todos los directivos de HORA32 y a mis queridos lectores.
Jaime A. Guzmán R.
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