El rostro de la Administración Pública

Al momento de referirnos a la administración pública no todo es corrupción. Hay escenarios donde prima el desconocimiento de leyes, reglamentos y demás por parte de funcionarios públicos que ocupan cargos sin tener los conocimientos o experticia en el área que se desenvuelven.

Esta realidad es el resultado de vivir en un país donde reina la amigocracia antes que la meritocracia. Por tal razón, el dicho “el que tiene padrinos se bautiza” perdura en una sociedad donde los méritos se desvanecen ante las influencias de quienes están en el poder, e impide que el servicio público cuente con los mejores talentos para administrar la cosa pública.

Lamentablemente, es un sistema que premia el palanqueo y castiga el conocimiento sin palancas. Vivimos en un país donde el rostro de la amigocracia se busca esconder en la medida de la invisibilidad de los vínculos de amistades, familiares y políticos, lo cual resulta muchas veces perceptible dependiendo del tamaño de la ciudad donde vivamos.  

Este rostro de la amigocracia anhelo desaparezca o mínimo se mitigue porque de manera inmediata daña la imagen de las entidades públicas, desalienta la preparación académica, y de manera mediata provoca inseguridad jurídica y abuso de poder para los ciudadanos.

Recordemos, que la amigocracia implica obediencia hacia el superior sin distinguir entre lo legal e ilegal, tanto es así que la fórmula: desconocimiento + obediencia= procesos cuestionables.

Por último, rescato la frase de una colega argentina “La idoneidad para un cargo no se presume, se prueba”; es decir, se demuestra con los conocimientos y ética, no con el apellido, ni con la bandera política. De esta forma, concluyo que el rostro de la meritocracia aparecerá en la medida de la idoneidad de los servidores públicos. Sus procedimientos y decisiones administrativas demostrarán el nivel de la administración pública.

Carlos Orellana Jimbo

ab.carlosorellana@hotmail.com