En verdad hay que tener pena de él. Una oleada de malintencionados eventos lo rodean. Al pobre lo convencieron de que era más inteligente de lo que es, que administrar un país era lo mismo que administrar un banco, que si solo gobernaba por y para los banqueros, ellos lo iban a sostener. Por más de 10 años le susurraron al oído “Guille, con tu inteligencia sobre humana y nuestro capital, gobernamos fácil”. Lo engañaron vilmente.
Después de varios fracasos electorales, se vino su fracaso presidencial. De nuevo le susurraron “Guille ganaste por tu carisma sobre humana, no por el profundo odio a las alternativas”. Entonces personas privadas de su libertad, comenzaron a masacrarse, solo para que Guille no pueda hacer tik-toks o que no pueda tomar champagne. Más tarde los campesinos decidieron que tenían hambre y salieron a las calles, se juntaron con grupos indígenas, estudiantes, mujeres y demás desestabilizadores.
Nuevos susurros vinieron: “Guille, esos terroristas solo te tienen envidia. Mientras tengas policías y militares vas a estar bien”. Pero la vida ha sido injusta con él. Militares malintencionados comenzaron a hacer tratos con el narcotráfico y policías comenzaron a matar mujeres y meter balas a las cárceles. Todo esto solo para ensuciar la imagen de la más sagrada y honorable institución del país y también para que se critique que Guille quiera ir al mundial de fútbol.
Pobre Guille. Hace poco dejó de escuchar voces. Todos esos que lo pusieron en la silla presidencial lo han abandonado. Incluso sus más fieles seguidores, ese “periodismo independiente pautado”, lo dejó solo. Si tienen un poco de decencia humana, les pido un minuto de silencio por El Guille, un hombre que está muriendo en soledad.
Alex Samaniego
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