El peso moral

Cuando Maquiavelo escribió su famoso tratado sobre las formas de ganar el poder y los artificios necesarios para conservarlo, pensó que cualquier consideración ética resultaba irrelevante en el campo de la política práctica. En el capítulo 21 menciona las formas de ganar una buena reputación, todas ellas a costa de la sangre y el bienestar de los súbditos. En la historia del Ecuador se cuentan por cientos los líderes que, en el breve lapso de su actividad pública, dejan la huella desagradable de la ambición, de la megalomanía y del odio. Si elevamos los ojos hacia las naciones de otras latitudes encontraremos el mismo panorama desolador. Predadores que, bajo una apariencia humana, muestran sus colmillos, abren sus fauces sanguinolentas y no dudan en asesinar a pueblos enteros. Cuando esto sucede el peso del pecado del gobernante recae frecuentemente sobre todo el país. Tal ha sido el destino de las naciones que han impuesto su poder por el abuso o la violencia. El peso moral de esos estados ha quedado seriamente erosionado.

Otros países, en cambio, destacan en el ámbito global por la relevancia ética de sus acciones. Tal relevancia emana del propio talante moral de sus líderes. Los países nórdicos son famosos por la correcta conducta de sus ciudadanos y obedece su prestigio a largas generaciones de gobernantes que han sembrado un sentido moral que repercute en todas las actuaciones estatales. Ha sucedido lo mismo con Uruguay y Costa Rica en nuestra América, líderes como Figueres o Mujica han dotado de un prestigio indeleble a países esencialmente carentes de riqueza o poderío militar.

 A la hora de evaluar la importancia de las naciones, los grandes analistas, como buenos imitadores de Maquiavelo, limitan su mirada a los campos de la economía o de la defensa. Cifran la geopolítica mundial en las cuestiones prosaicas del poder antes que en el perdurable peso moral que, en el fondo, da la exacta medida de la grandeza de una Patria. En nuestro Ecuador, por desgracia, la levedad ética de nuestros dirigentes políticos sigue siendo una continua fuente de vergüenza internacional.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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