“Qué pasaría si un día un demonio se deslizara furtivo en tu más profunda soledad y te dijera: ‘Esta vida, tal como la vives ahora y tal como la has vivido, la tendrás que vivir una vez más e incontables veces más (…)” Esta situación fue propuesta por Nietzsche, no como una idea religiosa o literal, sino como un ejercicio para ver la vida desde otro ángulo, con una perspectiva muy diferente a lo “normal”.
Si podemos imaginar que la vida que hemos llevado se repetirá de manera indefinida por la eternidad ¿qué cambiaríamos? ¿qué dejaríamos? ¿Cuántos sacrificios hubiéramos dejado de hacer, y qué tantas otras cosas hubiéramos probado? Pensar que la vida es un ciclo sin fin probablemente nos llevaría a la depresión, o tal vez a vivir mejor.
La vida no consiste solo de placeres y alegrías, y eso lo sabía Nietzsche, por lo que trata una idea de los filósofos estoicos: el amor fati. Esta idea nos dice que debemos abrazar el destino en lo bueno y lo malo, y Nietzsche hace una apología al error, al fracaso, a la pérdida, porque las sensaciones que estos nos producen son parte de la vida, y negar a estos es negar la vida misma.
Ahora bien, si nos imaginamos en este ciclo sin fin de repetir nuestras vidas, puede surgir la pregunta: ¿cuál es la mejor forma de vivir? Y la respuesta puede ser la voluntad de poder, que no tiene que ver con el poder en sí, sino con la voluntad de hacer aquello que nos mueve, que nos inspira y que amamos hacer. Para Nietzsche, nada debe privarnos de cumplir con aquello que amamos hacer.
Pensar que estamos destinados a repetir nuestras vidas infinitamente puede ser una idea perturbadora o deprimente, pero el objetivo debería ser verlo como una bendición, y para eso debemos reflexionar no tanto sobre lo que hacemos, sino por qué lo hacemos.
Juan Andrés Bravo V.
@JabravoV