Somos seres que sentimos antes que ser seres que pensamos. “Estoy contento, estoy enfadado, estoy triste”; emociones habituales, identificarlas y darse cuenta del nivel de intensidad es el paso fundamental para la autorregulación emocional. Hoy, en pleno siglo XXI que importante educar las emociones, los padres y maestros tenemos un llamado con nuestros hijos y estudiantes, enseñarles a comprender el mundo, ayudarles a comprender su entorno, las relaciones humanas, a comprender que existen problemas, pero que también existen soluciones.
Los expertos afirman que la educación emocional es un proceso educativo continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo humano, con el objeto de capacitarle al niño y al joven para la vida y así aumentar el bienestar personal y social.
Los docentes debemos innovar pedagógicamente, utilizar estrategias educativas para fortalecer el desarrollo de la autoestima y la empatía; atender las necesidades sociales y emocionales es de vital importancia, la disposición emocional de los estudiante determina su habilidad para aprender; ayudémosles a ser personas equilibradas y responsables consigo mismos y con los demás, optimicemos el desarrollo humano desde lo integral; la demanda en educación hoy en día debe cubrir la implementación de propuestas que incidan en la salud emocional, preparando a los jóvenes para el mundo laboral como personas productivas, solidarias y compasivas.
Patricia Carrión Pilco
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