Ecuador en estado de aflicción

Ecuador atraviesa tal vez una de las etapas más convulsionadas de las últimas décadas. Con un gobierno que aún no supera el medio año en gestión, parece que las vicisitudes se convirtieron en una constante y marca personal de este régimen. Ya sea por razones heredadas de otros gobiernos o por acciones propias, el resultado es controversia tras controversia, y a la vista los problemas no parece que vayan a terminar.

Solo este fin de semana, una vez más las cárceles sacudieron el ya deteriorado Estado de excepción que se mantiene a nivel nacional, demostrando también que la medida no ha sido una solución a los problemas importantes del país (seguridad, empleo, corrupción).

Los derechos de los PPL son vulnerados a vista y oídos de todas, y a la par están los derechos del ciudadano común, del pueblo civil que siente la inseguridad en las calles y la falta de atención a los problemas esenciales.

Más allá de las teorías de conspiración, y la constante propaganda “golpista” que se posiciona en los medios de comunicación y en el eco de quienes defienden esta gestión, la problemática es evidente y no se puede tapar el sol con un dedo.

La gente se manifiesta contra la violencia, contra la inseguridad, se manifiesta contra el costo de vida, o el costo de los servicios básicos; y el síntoma se traslada a la inestabilidad laboral, la falta de opciones de empleo y por supuesto la consecuente migración de muchos ecuatorianos.

No se trata de golpear la democracia, se trata se trata de corregir el camino, de que el mismo gobierno se encuentre, escuche y empiece a obedecer a sus mandantes.

Jorge Ochoa Astudillo

socjorgeochoaa@gmail.com