
Muchas parejas hoy en día se sienten angustiadas, abrumadas por los conflictos que están atravesando y que no encuentran solución, esto acarrea desilusión y enojo, porque nos damos cuenta que nuestro cónyuge nos controla y manipula a su antojo. Pero, ¿cuándo las cosas se salieron de control?, no lo sabemos, pero si esperamos que nuestra pareja nos brinde su aprobación en cualquier situación, tenemos un problema ya que le dimos a la persona que más amamos un poder que lo aplica a través del control y la manipulación que ejerce sobre nosotros en todos los ámbitos de la relación.
Al transitar por este sendero, los espacios vitales quedan reducidos a cenizas, pues la sensación de fuerza que sentimos que ejerce sobre nosotros nuestro cónyuge produce sentimientos de estima baja, tristeza, ansiedad e incluso depresión, toda vez que el cuento de hadas llegó a su fin, y empezamos a vivir una relación de pareja reactiva, donde la proactividad y asertividad son una mera ilusión.
Es necesario sentar las bases del diálogo abierto, una comunicación que nos permita escuchar para comprender y no para responder, así se desarrolla una relación sana, honesta en la que nos mostramos realmente como somos, sin mostrar imágenes falas; por el contrario, entender que el cambio está en nuestras manos. Para ello es necesario limpiar diariamente el camino por donde transita nuestra relación, no como una carga impositiva, sino como algo que me permite evolucionar como persona y pareja para alcanzar la felicidad, esa felicidad que debe ser construida entre dos personas, pues no puede usted ser feliz con base en la infelicidad de su cónyuge y viceversa. Sentirse pleno y feliz necesita de respeto, confianza, comprensión y amor para disfrutar de una relación de pareja afectiva, sana y asertiva. Recuerden es su decisión ser felices.
Francisco Herrera Burgos
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